La observación y el estudio de los astros es algo que ha cautivado a las personas por muchísimo tiempo. En la antigüedad, la astronomía y la astrología eran consideradas una sola práctica.
Con el desarrollo de los avances científicos en el siglo XVII, como la invención del telescopio y las teorías de Galileo Galilei, la astronomía se separó de la astrología, y se distinguió por ser una "ciencia exacta".
Mientras tanto, la astrología no responde a métodos científicos, por lo que es considerada una "pseudociencia".
La principal diferencia entre ambas ramas es que la astronomía se esfuerza por describir con exactitud los movimientos y las posiciones de los astros en el espacio, y la astrología interpreta qué significan esas posiciones.
La definimos como "la ciencia que estudia la estructura y la composición de los astros, su localización y las leyes que rigen sus movimientos". Con eso, nos referimos a todos los cuerpos celestes, desde los planetas, hasta las galaxias, las nebulosas, los agujeros negros, la radiación cósmica, etc.
La astronomía busca responder a las grandes preguntas sobre el universo, involucrando a otras ciencias exactas como la física, la química y las matemáticas.
Galileo, conocido como "el padre de la astronomía moderna", revolucionó este campo al confirmar lo que Nicolás Copérnico afirmaba justo un siglo antes: la Tierra gira alrededor del Sol, y no al revés.
En las últimas décadas, con nuevas tecnologías, los astrónomos han avanzado en su estudio de los fenómenos universales con experimentos y exploraciones en el espacio, como lanzamientos de satélites, caminatas en la Luna y descubrimientos de nuevos planetas, aventurándose a investigar incluso fuera de nuestro Sistema Solar.
La astrología, en cambio, relaciona sus interpretaciones de la posición y el movimiento de los astros a la vida humana.
Esta rama forma parte de la teoría de que los cuerpos celestes reflejan los eventos de la Tierra y que, con el estudio adecuado, se puede predecir o explicar algún suceso humano, incluyendo aspectos personales de cada individuo.
El origen de la astrología se remonta a las civilizaciones antiguas.
En todo el mundo nuestros antepasados se esforzaban por explicar el comportamiento de los cuerpos celestes y les atribuían mitos o leyendas, que actualmente forman un sistema de creencias a partir del cual se le da un significado a la vida terrenal. Por eso, las interpretaciones de los astrólogos pueden variar, dependiendo de la vertiente cultural de la cual ha estudiado.
De acuerdo a la astrología, el cielo se divide en 12 partes iguales, cada una con 30 grados de inclinación. En cada una de estas divisiones se encuentra una constelación cuyos nombres son: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis.
Dependiendo de la fecha y el lugar de nacimiento, cada persona nace bajo una constelación diferente, y se crea una carta astral con la posición exacta de los planetas en el momento en que nació.
Los astrólogos pueden interpretar y predecir las características de la personalidad según la carta astral que se le atribuye a cada persona. Sin embargo, investigaciones científicas han rechazado la validez de estas interpretaciones, por lo que no se acepta como una sentencia, tan solo como una creencia.
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