Los inicios de la astronomía

 La astronomía es la ciencia más antigua que desarrolló la humanidad y surgió fruto de la necesidad.

Surgió cuando el ser humano dejó de ser nómada, al descubrir la agricultura. A diferencia de cómo había ocurrido hasta entonces, el descubrimiento de la agricultura permitió que el ser humano no necesitase estar desplazándose constantemente para encontrar o cazar la comida, sino que pudiesen asentarse en un único lugar y cultivarla.

Es bien sabido en nuestros días que la Luna ejerce gran influencia en la producción y la calidad de los cultivos, ya que puede retrasar o estimular la germinación. Según las fases lunares, se ven afectadas algunas etapas de desarrollo como son el flujo de la savia, la fotosíntesis o el enraizamiento de las semillas.

Nuestros antepasados estudiaban sistemáticamente los cielos, específicamente los ciclos del Sol y la Luna, los cuerpos celestes más importantes, porque descubrieron patrones relacionados entre ellos y los cultivos.

Es fácil notar que muchas civilizaciones antiguas poseían calendarios lunares cuya función principal era brindar conocimiento útil para las cosechas.


También hay que destacar, que en casi todas las religiones antiguas existía una cosmogonía, que intentaba explicar el origen del universo, ligando este a elementos mitológicos. 

La historia de la astronomía es es tan antigua como la historia del ser humano. Antiguamente se ocupaba únicamente de la observación y predicciones de los movimientos de los objetos visibles a simple vista, quedando separada durante mucho tiempo de la física.

En Sajonia-Anhalt, Alemania, se encuentra el famoso disco celeste de Nebra, que es la representación más antigua conocida de la bóveda celeste.


La inmutabilidad del cielo está alterada por cambios reales que el hombre en sus observaciones y conocimiento primitivo no podía explicar, y de allí nació la idea de que en el firmamento debían de habitar poderosos seres que influían en los destinos de las comunidades y que poseían comportamientos humanos, y que por tanto requerían de adoración para recibir sus favores o al menos evitar o mitigar sus castigos.

Este componente religioso estuvo estrechamente relacionado al estudio de los astros durante siglos, hasta que los avances científicos y tecnológicos fueron aclarando muchos de los fenómenos que en un principio no eran comprendidos.

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