Chicxulub, el meteorito que hizo desaparecer a los dinosaurios

 La desaparición de los dinosaurios fue provocada por un cataclismo de grandes dimensiones. Al impacto de un meteorito, hay que sumar los efectos de un megaterremoto que puedo haberse prolongado durante semanas, e incluso meses, según un equipo de investigadores.




Sucedió en primavera. En medio del esplendor de un día de retoños, la Tierra recibiría un golpe letal para la biosfera. 

El impacto fue tal, que cerca del 75% de las especies de plantas y animales que existían en el planeta se extinguieron.

Con un diámetro aproximado de unos 14 kilómetros, el asteroide Chicxulub cambió el curso natural de la vida en la superficie terrestre para siempre, dando fin al reino de los dinosaurios.

"Chicxulub" se traduce del maya como "cola del diablo".

Después del impacto, Chicxulub dejó un cráter de 180 kilómetros y 900 metros de profundidad, estima la NASA. Lo más increíble es que, de esta piedra cósmica, no se ha conservado nada. Sólo el hueco que dejó en la Península de Yucatán, al sur de México. Y lo que es más: este cráter eludió la tecnología de la agencia espacial por décadas, al estar perfectamente escondido bajo el sedimento y rocas locales.


  • El detonante de una extinción masiva
Chicxulub no sólo exterminó a las grandes especies de dinosaurios que dominaban la Tierra. Por el contrario, el cambio climático fue de tal magnitud, que pocas plantas, flores y hongos lograron adaptarse a las modificaciones en el medio ambiente. Lo mismo sucedió con los insectos prehistóricos.




.Los científicos Luis y Walter Álvarez propusieron la hipótesis de que, debido al impacto de este asteroide masivo, gran parte de la fauna terrestre sucumbió ante las condiciones climáticas erráticas. Desde entonces, se ha recabado más evidencia que sustenta esta posibilidad.

Un equipo internacional de investigadores encabezados por la Universidad de Uppsala, en Suecia, analizó los restos fósiles de peces prehistóricos. Todos ellos murieron 60 minutos después del impacto que, según el estudio, ocurrió justo durante la primavera en el hemisferio norte y el otoño en el hemisferio sur.

Durante un año después del impacto, una noche perpetua inundó los cielos de la Tierra. Debido a una pesada nube de cenizas, la luz solar no llegó a la superficie durante meses. Las temperaturas descendieron por debajo de los 0ºC y las especies que habitaban el planeta no pudieron adaptarse. Así terminó la era de los dinosaurios.




  • Impacto del meteorito en México y Colombia
Para poder realizar la afirmación de que el meteorito impactó en estos lugares, el investigador de la Universidad Estatal de Montclair, Hermann Bermúdez, visitó los afloramientos del límite del evento de extinción masiva del Cretácico-Paleógeno en Texas, Alabama y Mississippi para recopilar datos, en el que documentó la evidencia del impacto catastrófico en Colombia y México.

En 2014, mientras realizaba trabajo de campo en la isla Gorgonilla de Colombia, Bermúdez encontró depósitos de esférulas (capas de sedimento llenas de pequeñas perlas de vidrio) de hasta 1,1 milímetros y fragmentos conocidos como tectitas y microtectitas que fueron expulsados a la atmósfera durante el impacto del asteroide.
Estas perlas de vidrio se formaron cuando el calor y la presión del impacto derritieron y dispersaron la corteza terrestre, expulsando pequeñas gotas derretidas hacia la atmósfera, que luego volvieron a caer a la superficie como vidrio bajo la influencia de la gravedad.


Depósito de esférulas en la isla Gorgonilla, Colombia.


  • Las pruebas del megaterremoto

Ahora, un nuevo estudio apunta que, con ese tamaño, el impacto también provocó un terremoto tan potente que sacudió el planeta durante semanas o meses después de la colisión.

La cantidad de energía liberada por este megaterremoto se estima que fue unas 50.000 veces mayor que la liberada en el terremoto de magnitud 9,1 que azotó Sumatra en el año 2004.

Las rocas expuestas en la costa de la isla Gorgonilla cuentan una historia desde el fondo del océano, aproximadamente a 2 kilómetros de profundidad. Allí, a unos 3000 kilómetros al suroeste del punto de impacto, arena, lodo y pequeñas criaturas oceánicas se acumulaban en el fondo del océano cuando impactó el asteroide.

Capas de lodo y arenisca hasta 15 metros por debajo del fondo del mar experimentaron deformación de sedimentos blandos que se conservan en los afloramientos hoy, y que Bermúdez atribuye a la sacudida del impacto. 
Las fallas y deformaciones debidas a la sacudida continúan a través de la capa rica en esférulas que se depositó después del impacto, lo que indica que la sacudida hubo de haber continuado durante las semanas y meses que tardaron estos depósitos de grano más fino en llegar al fondo del océano. Justo encima de esos depósitos de esférulas, las esporas de helecho conservadas señalan la primera recuperación de la vida vegetal después del impacto.

Así, en El Papalote, México, Bermúdez observó evidencia de licuefacción, es decir, el efecto de cuando una fuerte sacudida provoca que los sedimentos saturados de agua fluyan como un líquido.
En Mississippi, Alabama y Texas, también documentó fallas y grietas, probablemente asociadas con el megasismo, además de los depósitos de tsunami en varios afloramientos dejados por una enorme ola que fue parte de las catástrofes en cascada resultantes de la colisión del asteroide.

Estos datos ayudan a explicar la evidencia geológica que registra el final del Cretácico y el comienzo del Cenozoico y caracteriza uno de los mayores terremotos experimentados por nuestro planeta.


Hallazgos de Hermann Bermúdez en Colombia


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