La Osa Mayor y La Osa Menor
La Osa Mayor y la Osa Menor son dos de las constelaciones más importantes, y podemos verlas durante todo el año en el cielo de nuestro hemisferio (hemisferio norte).
En la cola de la Osa Menor, encontramos a Polaris, más conocida como la Estrella Polar, la cual debido a que se encuentra muy cerca del "polo norte celeste", siempre está fija en el firmamento, y es por eso que aunque pasen las estaciones, estas dos constelaciones siempre están presentes para nosotros.
La Osa Mayor es muy fácil de encontrar y muy útil, porque nos serviremos de ella para encontrar la Estrella Polar.
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| Constelación de la Osa Mayor |
¿Cómo encontrar la Estrella Polar?
Para los romanos, las siete estrellas principales que conforman la Osa Mayor, hacían referencia a siete bueyes de tiro. (Alkaid, Mizar, Alioth, Megrez, Dubhe, Phecda y Merak).
Este conjunto de siete estrellas que forma parte de la Osa Mayor, se conoce como "El Carro".
Si tomamos como referencia la línea imaginaria que una Merak y Dubhe y la distancia entre ellas, contando hasta cinco veces hacia arriba llegaríamos hasta la Estrella Polar, en la cola de la Osa Menor. De esta forma, la Osa Mayor nos ayuda a encontrar tanto a Polaris, como a la Osa Menor.
El origen de ambas constelaciones
Para conocer el origen de la Osa Mayor y la Osa Menor, tenemos que referirnos al mito de Calisto y Artemisa, la historia más famosa tras estas constelaciones según la mitología griega.
Cuenta dicha historia que Zeus, dios supremo del Olimpo, se enamoró perdidamente de Calisto, una doncella cazadora perteneciente al cortejo de Artemisa.
Artemisa era una de las deidades más veneradas y una de las más antiguas, es la diosa helena de la caza, los animales salvajes, los nacimientos... pero sobre todo, de la virginidad y de las doncellas. Por esto, todas las doncellas que deseaban pertenecer a su séquito de cazadoras, debían tomar un voto de castidad. Y Calisto no fue la excepción.
Zeus estaba muy consciente del juramento de la doncella e ideo un plan macabro para llegar hasta la joven...
Un día, llegaba Calisto a cazar, con su arco y su lanza, y se tumbó exhausta sobre la cálida tierra. Zeus, observándola desde los arbustos, pensó que aquel era el momento ideal para tenderle su trampa y asumió que probablemente su esposa Hera no se enteraría de esa nueva infidelidad.
De esta forma, se disfrazó Zeus de Artemisa y se tumbó junto a la joven, conversaron durante largo tiempo hasta que el dios del trueno no pudo aguantar más y se abalanzó sobre ella. Cuando Calisto se dio cuenta de lo que sucedía ya era demasiado tarde.
Tras terminar, Zeus se alejó de allí, dejándola tan afligida, tan rota, que al levantarse dejó olvidados su arco y sus flechas.
Caminado por el bosque, sintiéndose desdichada y destrozada, se topó con la verdadera Artemisa que regresaba con el resto de las cazadoras de una favorable jornada de cacería.
La diosa llamó a Calisto para que se les uniera y ella, temerosa de que descubriera su deshonra, le siguió, sin poder evitar el rubor en su rostro.
Su temor creció terriblemente cuando sus compañeras descubrieron un arroyo y decidieron darse un refrescante baño. Calisto no quería desnudarse, ya que Artemisa la repudiaría en cuanto descubriera que había perdido su virginidad.
Aunque argumentó que no le apetecía darse un baño, que prefería quedarse en la orilla, sus compañeras se lanzaron a quitarle la ropa, descubriendo así la tragedia que acababa de sucederle a Calisto.
Artemisa, efectivamente ofendida, la arrojó de su lado para que no manchara la pureza de las aguas y la desterró de su grupo de doncellas.
Pero la diosa de la virginidad no fue la única en enterarse de lo ocurrido. Hera descubrió la nueva infidelidad de su esposo, y su cólera aumentó con creces cuando se percató de que Zeus había dejado embarazada a Calisto.
En el momento en el que Calisto dio a luz a su hijo Arcas, una Hera enfurecida la increpó con violencia por no haberse limitado a yacer con Zeus, sino por atreverse a tener un hijo de él. Así, la diosa olímpica cogió a Calisto por su largo cabello y la transformo en una osa...
Durante años Calisto vagó por los bosques asustada, temerosa de hombres y fieras por igual, y rogando (en vano) a Zeus su auxilio.
Pasados 15 años, estaba Arcas un día en el bosque, persiguiendo a las fieras y tendiéndoles trampas, cuando se encontró de golpe con su madre. Ella le reconoció, y él asustado trató de darse media vuelta y correr, pero había algo en los ojos de la osa que lo cautivaron.
Calisto intentó aproximarse un poco más, pero Arcas, temiendo un ataque, sacó su arco dispuesto a dispararle. Fue justo en aquel momento que Zeus apareció ante él; y le explicó lo sucedido y quién era en realidad esa osa.
Arcas comprendió y juró no hacerle daño a su madre; sin embargo, Zeus pensaba que aquella escena podría repetirse con cualquier otro cazador, así que, decidido, el dios tomó a Calisto por su cola y la lanzó al cielo, convirtiéndola en la constelación de la Osa Mayor, y realizó la misma acción con Arcas, convirtiéndolo en la Osa Menor, para que Calisto ya no volviera nunca más a estar sola.



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